LÓPEZ CASTRILLÓN, JUAN CARLOS
En los convulsionados siglos XVII y XVIII en la Nueva Granada, una mujer protagonizó una revolución silenciosa (o silenciada) pero que dejó una huella que trascendió a la vida moderna. Doña Dionisia Pérez de Manrique fue poseedora de un poder económico, social y político que traspasó las fronteras de la Gobernación de Popayán, la cual, en términos de territorio, era más de la mitad de lo que hoy en día es Colombia, llegando su influencia y leyenda hasta Madrid, Lima, Quito y Santa Fe de Bogotá.
Durante sus 76 años de existencia (1668 1744) se casó dos veces. La primera, con el alférez real, Don Diego José de Velasco, descendiente primogénito de la familia más acaudalada de Popayán en los siglos XVI y XVII; y al fallecer este en 1708, tuvo un segundo matrimonio con Don Baltazar Carlos Pérez de Viveros, en 1712, quien había sido designado desde 1706 como Marqués de San Miguel de La Vega por dispensa del rey Felipe V, y además llegó a ostentar el cargo de gobernador de esta provincia.
Su importancia reside en el liderazgo social que ejerció durante su existencia, trabajando con las comunidades religiosas de la época, en particular con las Carmelitas; en la reconstrucción de Popayán después del terremoto de 1736; su vinculación con las comunidades indígenas de la región, a las cuales les legó buena parte de sus tierras para la constitución de varios cabildos; en su trabajo con los jesuitas en favor de los sectores más vulnerables de una sociedad esclavista y absolutamente desigual; y en la construcción de varias edificaciones que aún están en pie después de 300 años.
Su vida, signada por la tragedia familiar de tener que enterrar cinco hijos a edades muy tempranas, y un amor juvenil frustrado, tiene un profundo contraste con el papel anónimo que cumplía la mujer en el siglo XVII y XVIII.